PCdoB – Posições Internacionais

Fidel Castro – Un pensamiento para nuestro tempo

A continuación, se presenta el texto completo de la contribución del PCdoB al Coloquio con motivo del centenario del nacimiento de Fidel Castro, que fue entregada en La Habana por la Secretaria de Relaciones Internacionales del PCdoB, Ana Prestes, a los organizadores del evento y al Partido Comunista de Cuba.

Compañeras y compañeros del Centro Fidel Castro Ruz, del Partido Comunista de Cuba, delegaciones hermanas de todos los continentes, pueblo cubano:

Esta es la contribución del Comité Central del Partido Comunista de Brasil, un partido con más de cien años de existencia, que aprendió a resistir en la clandestinidad, bajo la tortura y la calumnia, y que también aprendió, desde 1959, a mirar a Cuba como se mira a la esperanza, a la poesía, a la generosidad. Traigo el saludo fraterno de los comunistas de Brasil y el de millones de personas de mi país que aman esta isla de una manera especial y sienten que, cuando Cuba es atacada, algo de nosotros está siendo atacado.

Comienzo con una advertencia que tomo prestada del historiador cubano Frank Josué Solar: acercarse a Fidel no puede ser nostalgia histórica ni pasatiempo erudito, porque Fidel es más un hombre del futuro que del pasado. Por eso no vengo solamente a depositar una corona de flores sobre la tumba de un gigante. Propongo que trabajemos el pensamiento de Fidel como una herramienta de epistemología revolucionaria. El centenario le rendirá un digno homenaje únicamente si convocamos a Fidel a la lucha, simbólicamente, a nuestro lado. Ofrezco, con ese espíritu, algunas reflexiones inspiradas en su trayectoria y su obra.

Fidel representaba el realismo que no capitula.

El 1.º de mayo de 2000, Fidel definió: «Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es luchar con audacia, inteligencia y realismo».

Audacia y realismo en la misma frase: esta es la firma del método de Fidel Castro.

Moncada fue una derrota militar convertida en punto de partida político. El Período Especial fue una catástrofe económica enfrentada con medidas originales y no dogmáticas, sin renunciar ni un milímetro a los principios.

Es necesario encarar la realidad en toda su dureza, sin maquillaje ni autocomplacencia, sin confundir jamás la flexibilidad táctica con la renuncia estratégica. Reconocer una dificultad no es rendirse al enemigo; es la condición para vencerlo. Fidel nos enseñó la lucidez para encarar los desafíos, el valor para enfrentarlos y el talento y espíritu crítico para conducir la lucha de modo que se conquiste la victoria.

Para Fidel, la soberanía era una cuestión de vida o muerte.

Fidel nunca tuvo ilusiones acerca de la naturaleza del imperialismo, porque conocía la historia. Conocía el memorando del Departamento de Estado de Estados Unidos, del 6 de abril de 1960, que recomendaba utilizar todos los medios —incluidos el hambre y la enfermedad— para producir desaliento y derribar la Revolución. Y conocía Playa Girón, donde ese proyecto fue enterrado en la arena.

Sesenta y seis años después, el mismo designio retorna sin disfraz. El cerco energético impuesto a Cuba equivale a un bloqueo naval, y un bloqueo naval es, en el derecho internacional y en el lenguaje común, un acto de guerra. Los daños del bloqueo alcanzan valores multimillonarios, pero las cifras que de verdad hieren son otras: la mortalidad infantil, que pasa de 4,0 a 9,9 por cada mil nacidos vivos; la supervivencia de niños y jóvenes con cáncer, que baja del 85 % al 65 %. Ante todo ello y ante la resiliencia cubana, el presidente de Estados Unidos declara que no ve cómo aumentar la presión, salvo invadiendo y destruyendo el país. Ya no se trata de política exterior, sino de un proyecto criminal enunciado en voz alta.

La pandilla de gánsteres que ocupa el poder en Washington todavía tiene el descaro de acusar formalmente al comandante de la Revolución, Raúl Castro. El PCdoB deja constancia de que considera a Raúl Castro un símbolo de dignidad y honor que ningún aventurero fascista, como Donald Trump, logrará manchar.

Es necesario nombrar lo que está detrás de esta nueva ofensiva. La actual estrategia de seguridad de Estados Unidos resucita la Doctrina Monroe, ahora aumentada con un corolario que lleva el nombre del actual ocupante de la Casa Blanca. Sin embargo, el neofascismo que avanza en el mundo no es una anomalía ni un accidente del temperamento de un gobernante. Es la forma política que asume el capital en crisis cuando ya no logra gobernar mediante los métodos habituales. Fidel entendió esto antes que muchos de nosotros, cuando alertaba sobre el neoliberalismo, la concentración de la riqueza, la destrucción ambiental y la barbarie que se anunciaba.

Para Fidel, la unidad era un factor estratégico y la defensa de la paz mundial, la principal bandera del siglo XXI.

Fidel decía que la unidad latinoamericana es la única forma de ser libres e independientes. La ALBA, la CELAC, la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada aquí, en La Habana, en 2014, por treinta y tres jefes de Estado y de Gobierno, y que consagra la no injerencia y la autodeterminación, son iniciativas inspiradas en buena medida en el pensamiento y la acción de Fidel Castro. En uno de sus últimos escritos, Fidel afirmó que luchar por la paz mundial es el deber más sagrado de todos los seres humanos.

La contribución de Fidel sobre la soberanía, la unidad latinoamericana y la paz mundial se traduce en una consigna que el PCdoB asume públicamente: la defensa de Cuba es la defensa de la soberanía y de la paz en América Latina. Si la soberanía pudiera ser suprimida en Cuba, quedaría suprimida en todas partes; cada nación del Sur pasaría a existir únicamente en la medida en que obedeciera al imperio, y nuestra región se hundiría en conflictos aún más agudos.

Por eso, la solidaridad moral, aunque imprescindible, ya no basta. Es necesario construir una coalición amplia y explícita de Estados en defensa de Cuba, con el protagonismo de los países latinoamericanos celosos de su soberanía —Brasil, México, Uruguay, entre otros—, articulada con el conjunto del Sur Global. Las abrumadoras votaciones en la Asamblea General de la ONU, año tras año condenando el bloqueo, demuestran que esa base política existe; falta convertirla en acción coordinada. Como advirtió el presidente chino Xi Jinping, el mundo corre el riesgo de retroceder a la ley de la selva. O detenemos la escalada imperialista, o la ley de la selva se universaliza, y no habrá región del planeta que escape a este dilema.

Para Fidel, la batalla de ideas es la madre de todas las batallas y el internacionalismo es un pilar esencial.

Cuando se vaticinaba que Cuba caería bajo el efecto dominó de Europa del Este y que el socialismo había sido derrotado para siempre, Fidel respondió, en abril de 1990, con una lucidez cortante: «Los que cambian de nombre son los que cambiaron de ideas, o perdieron la confianza en las ideas».

La Revolución pudo resistir porque sembró ideas, dijo Fidel a los jóvenes comunistas en 2004. Y también sembró médicos internacionalistas: cerca de 132 mil profesionales cubanos estuvieron en 102 países, se atendió a cien millones de personas y más de 30 mil médicos extranjeros se formaron en la Escuela Latinoamericana de Medicina. Cuba no exporta armas: exporta médicos. No hay, en la historia contemporánea, un gesto ético comparable. Eso es precisamente lo que incomoda. Lo que Cuba denuncia desde hace tantos años, el imperialismo ahora lo admite cínicamente. Uno de los documentos recientes del Departamento de Estado de Estados Unidos reconoce que Cuba no representa una amenaza militar ni económica, sino una inspiración y un ejemplo que amenazan los fundamentos de un imperio basado en la explotación y el engaño.

Aunque la jerga anticomunista que sustenta la actual política estadounidense contra Cuba es antigua y gastada, la batalla de ideas se libra hoy en un terreno nuevo que Fidel apenas anticipó: los algoritmos, la inteligencia artificial, la fabricación digital de falsos consensos, la guerra cognitiva. Fidel, sin embargo, siempre defendió que la verdad era la mejor arma. Poco después de la victoria de la Revolución, declaró: «Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario (…) ¿Cómo ganó la guerra el Ejército Rebelde? Diciendo la verdad. ¿Cómo perdió la guerra la tiranía? Engañando a los soldados».

Y aunque en los tiempos actuales seamos testigos de una dimensión y un alcance inéditos en la difusión de distorsiones y noticias falsas, la mentira conserva el mismo punto débil que Fidel identificó. Un estudio reciente mostró que el 98,3 % de las manifestaciones en las redes sociales de los propios Estados Unidos no apoyan el cerco a Cuba, revelando que el pueblo estadounidense no es el enemigo de Cuba; el enemigo de Cuba y de la soberanía latinoamericana es una minoría revanchista, que engaña a su propio pueblo y ha transformado a Estados Unidos en una plutocracia belicista.

Fidel, además, advirtió sobre un peligro interno: cuando un proceso político deja de tener prácticas revolucionarias, se instalan el conservadurismo, el acomodamiento y el individualismo. Contra ello, siempre apostó por los jóvenes. La generación del centenario de Martí hizo la Revolución; a la generación del centenario de Fidel —cubana, brasileña, palestina, africana— le corresponde defenderla y ampliarla.

Aquí rendimos homenaje al Partido y al Gobierno de Cuba, liderados por el presidente Miguel Díaz-Canel, que, con valor, dignidad y creatividad, conduce la resistencia en estos tiempos sombríos, demostrando que el pensamiento de Fidel sigue vivo.

Compañeras y compañeros, un homenaje sin compromiso no es más que una cortesía. Dejamos aquí, por lo tanto, aquello que los comunistas brasileños se comprometen a hacer.

Ampliar la solidaridad material y organizada, mediante caravanas y campañas por combustible, alimentos y medicamentos. Presionar sin tregua, en el gobierno, en el parlamento y en las calles, por el fin inmediato e incondicional de todas las medidas coercitivas unilaterales. Disputar la comunicación, porque la verdad sobre Cuba debe ser dicha todos los días, en un lenguaje popular. Estudiar y enseñar a Fidel en la formación de nuestros cuadros. Y derrotar, en nuestro propio país, al neofascismo que se ofrece como capataz del imperialismo, porque en Brasil no hay solidaridad eficaz con Cuba sin soberanía nacional.

Fidel dijo, ante un tribunal, que la Historia lo absolvería. La Historia no solo lo absolvió, sino que lo engrandeció e hizo más: lo convocó de nuevo, cien años después de Birán, para esta hora difícil y decisiva.

Vamos a honrarlo del único modo que él aceptaría: luchando.

 

¡Viva Fidel! ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

Partido Comunista de Brasil – PCdoB – La Habana – Agosto de 2026

 

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