PCdoB – Posições Internacionais

PCdoB: unidad de los pueblos contra el imperialismo y el fascismo

Pronunciamiento del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), presentado por Ana Prestes, Secretaria de Relaciones Internacionales del Comité Central, el 8 de agosto, en La Habana, durante el 24º Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros (EIPCO). A continuación, el texto íntegro.

Estimados camaradas del Partido Comunista de Cuba, heroicos anfitriones de este encuentro,

Representantes de las delegaciones internacionales de diversos países y partidos hermanos,

Camaradas,

Traigo a todas y todos el más cálido y fraternal saludo del Partido Comunista de Brasil, el PCdoB. Agradecemos profundamente la oportunidad de estar aquí, en la vibrante y resistente La Habana, para compartir nuestras reflexiones sobre el momento histórico que atravesamos y reafirmar nuestros inquebrantables compromisos internacionalistas. Estar en Cuba es, por sí mismo, un acto de solidaridad y de resistencia. Desde aquí, saludamos, en el centenario de su nacimiento, el legado de este gigante de la humanidad, Fidel Castro Ruz, cuyo ejemplo y pensamiento nos alientan y orientan.

Repudiamos con vehemencia la escalada genocida del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el imperialismo estadounidense contra la Isla de la Libertad, ahora combinado con inaceptables amenazas de agresión militar. La resistencia de Cuba es la resistencia de todos los pueblos que luchan por soberanía y justicia. ¡Cuba no está sola!

Camaradas, vivimos un momento de profunda transición geopolítica y de agravamiento de la crisis sistémica y estructural del capitalismo. El sistema capitalista, comandado por una oligarquía financiera parasitaria, evidencia de manera clara su agotamiento histórico. No tiene nada que ofrecer a la humanidad salvo el estancamiento económico, la brutal precarización de las relaciones laborales, la devastación ambiental y la marcha hacia la barbarie. La financiarización de la economía global ha alcanzado niveles asombrosos, con el volumen de capital ficticio superando ampliamente la producción real de riquezas. Este desplazamiento genera una inestabilidad constante, concentra la riqueza en manos de una ínfima minoría y produce crisis recurrentes que castigan a los trabajadores y a los países de la periferia del sistema.

Vemos también cómo las inmensas posibilidades abiertas por la revolución tecnológica y científica chocan brutalmente con las ataduras de las relaciones de producción capitalistas. Bajo el estricto control de los monopolios y de las gigantescas corporaciones digitales, las llamadas big techs, las innovaciones tecnológicas han servido para intensificar la explotación de la clase trabajadora. Esta superexplotación se disfraza frecuentemente bajo el falso manto del “emprendimiento”, que elimina derechos y arroja a millones de personas a la informalidad. Además, estas plataformas han consolidado un poderoso sistema digital ideológico. Actúan como verdaderas armas de guerra híbrida, difundiendo desinformación, manipulando conciencias y fomentando el odio, el racismo y el neofascismo a escala global.

Sin embargo, la historia no está paralizada. La transición hacia un mundo multipolar es una realidad insoslayable. Asistimos al declive relativo y progresivo de la hegemonía de Estados Unidos, marcado por su desindustrialización, por impasses estratégicos, por la erosión de su capacidad de liderazgo moral y por crónicos problemas económicos. En marcado contraste, presenciamos el ascenso de nuevos polos dinámicos de poder. Destacamos aquí el papel fundamental de la China socialista, que demuestra al mundo la superioridad de un sistema orientado al desarrollo nacional y al bienestar de su pueblo. Destacamos también el acelerado progreso de Vietnam. Los pueblos de la Corea Popular y de la República Democrática Popular Lao igualmente siguen firmes en el rumbo de la construcción socialista. El Sur Global se levanta con renovada fuerza para reivindicar su derecho inalienable al desarrollo autónomo. El socialismo se reafirma en el siglo XXI como la única alternativa viable a la lógica destructiva del capital.

Ante la pérdida de su primacía, el imperialismo estadounidense, ahora bajo el agresivo liderazgo de Donald Trump, reacciona con enorme violencia. Para intentar revertir la marcha inexorable de la historia, Estados Unidos recurre a la fuerza bruta, al proteccionismo extremo, a las sanciones ilegales y al belicismo. La política exterior de Washington busca vaciar de contenido los espacios multilaterales e imponer su voluntad únicamente mediante el chantaje.

Repudiamos la escalada criminal de agresiones en Oriente Medio. El mundo contempla horrorizado, pero no pasivo, el genocidio del pueblo palestino en la Franja de Gaza y en los territorios ocupados, perpetrado por el Estado terrorista de Israel con el respaldo directo de Estados Unidos. Condenamos enérgicamente esta limpieza étnica. Exigimos el pleno reconocimiento de un Estado Palestino soberano e independiente, con capital en Jerusalén Oriental. Los palestinos no se doblegan ni se rinden. Merecen, de todos los humanistas y de todos los países libres, el más activo apoyo en su justa lucha.

El imperialismo es poderoso, pero está lejos de ser invencible. Estados Unidos e Israel vienen cosechando derrotas humillantes en su guerra contra la República Islámica de Irán, y los ataques contra el Líbano han recibido una eficaz respuesta de las fuerzas del eje de la resistencia.

En Europa, la continua expansión de la OTAN hacia el Este alimenta la guerra por delegación en Ucrania, demostrando la negativa de Occidente a aceptar una arquitectura de seguridad compartida. El régimen abiertamente neonazi de Zelensky enfrenta crisis sucesivas y, aun con un apoyo millonario, está condenado a la derrota.

En América Latina y el Caribe, nuestra región, la ofensiva imperialista adquiere los contornos de un neocolonialismo abierto. La infame Doctrina Monroe ha sido renovada y se aplica con el apoyo servil de gobiernos y fuerzas locales de extrema derecha. El anticomunismo más burdo, de inspiración fascista, regresa prácticamente con el mismo ropaje de la época de la Guerra Fría, sirviendo como pretexto para las amenazas, los cercos y las agresiones.

Denunciamos el criminal ataque contra la Venezuela bolivariana, que provocó la muerte de venezolanos y cubanos y culminó con el absurdo secuestro del legítimo presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores. Al presidente Maduro, a Cilia Flores, al pueblo venezolano y a los combatientes que perecieron en este infame ataque, nuestra solidaridad militante y nuestro homenaje eterno.

El objetivo evidente de Washington es anular cualquier esfuerzo de integración latinoamericana y someter a nuestros países a la condición de Estados títeres. Tienen sus ojos codiciosos puestos en nuestras inmensas riquezas naturales y buscan impedir nuestra articulación con los nuevos polos del mundo multipolar.

Brasil, por su peso económico y político, es un objetivo estratégico prioritario de esta ofensiva. El gobierno de Donald Trump, actuando en connivencia directa con la extrema derecha brasileña, liderada por el clan Bolsonaro, ataca abiertamente la soberanía de nuestro país. Imponen aranceles extorsivos, chantajean nuestra economía e intentan interferir de manera inaceptable en nuestras instituciones. El objetivo central de esta embestida es impedir que Brasil ejerza su papel de Estado soberano, defensor de la integración solidaria de América Latina y de la construcción de nuevas relaciones internacionales, basadas en el respeto a la noción fundamental de que cada pueblo tiene derecho a elegir libremente su modelo de democracia y de desarrollo.

Pero encuentran y encontrarán una firme resistencia. El gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha reaccionado con dignidad y firmeza, defendiendo la democracia y la soberanía nacional.

En Brasil, el PCdoB actúa en la primera línea de esta batalla histórica, contribuyendo a la reconstrucción del país y, al mismo tiempo, estamos en las calles, movilizando a la clase trabajadora para defender a la nación, derrotar definitivamente a los traidores neofascistas y asegurar un nuevo ciclo de desarrollo. Sabemos perfectamente que la elección presidencial de octubre de 2026 tendrá una dimensión táctico-estratégica decisiva. De un lado estará el amplio frente en defensa de la democracia, de la reindustrialización y de la integración regional; del otro, el neofascismo antinacional, apoyado por la oligarquía financiera y al servicio directo del imperialismo estadounidense. Derrotarlos en las urnas y en las calles es nuestra misión central.

Camaradas, la memoria histórica del siglo XX nos enseña una lección que no podemos olvidar: el fascismo nunca debe ser subestimado. Es el recurso extremo y autoritario del capitalismo en profunda crisis. Cuando las fuerzas progresistas se fragmentan, el autoritarismo avanza. Para enfrentarlo con éxito, es fundamental construir una amplia y sólida unidad de las fuerzas democráticas, patrióticas y populares en cada uno de nuestros países. Y, en el plano internacional, es imperativo fortalecer los lazos de solidaridad y la cooperación activa de las fuerzas antifascistas y antiimperialistas.

Y para nosotros, los comunistas, la lucha en defensa del medio ambiente y el enfrentamiento decidido de la crisis climática son partes inseparables de la lucha antiimperialista. No habrá salvación para el planeta bajo la lógica de la maximización de la ganancia capitalista; la verdadera sostenibilidad exige un desarrollo con justicia social y nuevas relaciones de producción.

Camaradas, nuestra fuerza reside en nuestra unidad. La defensa intransigente de la paz mundial, la protección urgente de nuestro planeta común, la lucha implacable contra el fascismo y el combate cotidiano al imperialismo son banderas que convergen y se unifican en la gran jornada por la emancipación de los trabajadores y de todos los pueblos oprimidos.

El socialismo no es una reliquia del pasado. El socialismo, rumbo al comunismo, resurge en el horizonte del siglo XXI no solo como una urgente necesidad histórica frente a la crisis civilizatoria, sino como una construcción real, pujante y victoriosa. Es la única vía capaz de armonizar el formidable desarrollo de las fuerzas productivas con la más amplia justicia social, la verdadera democracia y el equilibrio ambiental.

Sigamos firmes en la lucha, con la certeza de que estamos del lado correcto de la historia. ¡La transición de hegemonía nunca es pacífica, pero la victoria, inevitablemente, pertenece a los pueblos que se atreven a luchar y que no se rinden!

¡Viva la inquebrantable solidaridad internacionalista de los trabajadores y de los pueblos!

¡Viva la lucha incansable por la paz y contra el imperialismo!

¡Vivan el socialismo y el comunismo!

¡Viva Fidel, viva la heroica Cuba y su pueblo indómito!

¡Venceremos! Muchas gracias.

Leia também: