Resumen Internacional 139: Es necesario defender a Cuba para que no prevalezca la “ley de la selva”
La decisión del Gobierno de Estados Unidos de acusar al comandante Raúl Castro es grave, menos por el cinismo ya habitual del “sheriff” mundial y mucho más por lo que indica como tendencia para el futuro inmediato en relación a Cuba.
Tal iniciativa, anunciada este miércoles (20), representa un paso adelante en la agenda de agresiones y guerras promovida por Donald Trump, que actúa como un gánster, sin respeto a la soberanía de las naciones ni al derecho internacional. En esta sintonía, Marco Rubio, Secretario de Estado de Trump, en el momento del anuncio de la medida contra Raúl Castro, declaró, cínicamente, que su gobierno arrestará al veterano héroe latinoamericano.
Raúl, junto a su inolvidable hermano, Fidel Castro, lideró desde el inicio la gesta revolucionaria que derrotó a la dictadura de Batista. Internacionalista convencido, fue el principal organizador de la ayuda militar cubana en la lucha contra el apartheid y el colonialismo en África. Raúl Castro es un símbolo de dignidad y honor que ningún aventurero fascista, como Donald Trump, podrá manchar.
Sin embargo, la amenaza del imperio contra Cuba es evidente y necesita ser enfrentada con valentía y realismo.
Aunque el heroísmo de su pueblo es indiscutible, las condiciones para una resistencia cubana eficaz frente a la disparidad de fuerzas son muy limitadas. Cuba no es Irán. El país no tiene los recursos ni el tamaño geográfico y poblacional de la República Islámica, además de estar físicamente muy lejos de los principales polos de resistencia al dominio hegemónico de EE. UU.: China y Rusia.
Nada de esto, sin embargo, es un presagio de derrota. Cuba ya ha demostrado, a lo largo de su historia, una increíble capacidad para luchar y vencer.
No obstante, más allá de la valentía del pueblo cubano y de la solidaridad de los pueblos del mundo, es necesaria una gran y explícita alianza de países en defensa de Cuba.
Después de lo que ocurrió en enero en Venezuela, una eventual debacle de Cuba significaría, por su valor simbólico y estratégico, que la soberanía de las naciones latinoamericanas es extremadamente limitada o, en algunos casos, inexistente, dependiendo en gran medida de la alineación más o menos incondicional con el plutócrata de turno en Washington. Los planes de una América Latina con países capaces de promover un desarrollo autónomo, democrático e inclusivo se verían seriamente afectados.
Por lo tanto, este asunto no es de interés solo de Cuba, sino de toda la región y principalmente de su país más grande, Brasil.
De hecho, corresponde a los países latinoamericanos que aún son celosos de sus soberanías –destacando a Brasil, México y Colombia– liderar una urgente coalición mundial, uniendo a países de todos los continentes en un movimiento geopolítico de presión contra una agresión a Cuba.
Las abrumadoras votaciones contra el bloqueo en sucesivas Asambleas Generales de la ONU y el creciente aislamiento internacional del Gobierno de Trump son pruebas de que existe una base política para esta articulación.
El mismo día en que el Departamento de Justicia yanqui pronunciaba su amenaza contra Raúl, el presidente chino, Xi Jinping –que en Pekín recibía para una visita oficial al presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin– denunciaba que el mundo corría el riesgo de “regresar a la ley de la selva”, criticando “el unilateralismo y el hegemonismo”. Aunque no mencionó a EE. UU., el mensaje fue claro para todos.
Ocurre que en Gaza, en Cisjordania, en Irán, en el Líbano, en Siria, en Libia, entre otras regiones, la “ley de la selva” intenta, con toda su fuerza, prevalecer, y en algunos casos ya ha prevalecido concretamente.
La cuestión de la defensa de Cuba implica también este aspecto: o el imperialismo es detenido en su actual escalada, o el futuro de la humanidad será de hecho la ley de la selva.
Tarde o temprano, ninguna región del planeta dejará de enfrentarse abiertamente a este dilema.
Por Wevergton Brito Lima
